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México: ¿sistema presidencial
o parlamentario?
Jorge CARPIZO
Los griegos en los tiempos antiguos solían preguntar al sabio Solón: ‘‘¿Cuál es la mejor Constitución?’’ Él solía contestar: ‘‘Decidme primero
para qué pueblo y para qué época’’.
Charles
DE
GAULLE, 1946
SUMARIO: I. Preocupaciones respecto al sistema de gobierno.
II. Sistemas de gobierno y partidos políticos. III. El principio de
no reelección. IV. La discusión doctrinal. V. La tesis de Juan
Linz. VI. Las críticas a la tesis de Juan Linz. VII. La fórmula
de Giovanni Sartori. VIII. Las ideas de Dieter Nohlen. IX. La
propuesta de Alonso Lujambio. X. El pensamiento de Diego
Valadés. XI. Manuel Aragón: ‘‘parlamentarizar’’ el sistema parlamentario. XII. Mis razones y mis proposiciones.
I. Preocupaciones respecto al sistema de gobierno
A. Existe actualmente preocupación o profunda preocupación por diversos temas político-constitucionales en algunos sectores de la sociedad
mexicana. Uno de ellos se refiere al sistema de gobierno: si de nuestro
presente sistema presidencial debemos transitar a uno parlamentario.
Es decir, existe la inquietud real de conocer si nuestro sistema presidencial es el más adecuado para el México de hoy y para el de los años
venideros.
¿Por qué existe esta preocupación o inquietud? En mi opinión porque
en las últimas décadas: a) el equilibrio de poderes se ha inclinado deciRevista Latinoamericana de Derecho
Año I, núm. 1, enero-junio de 2004, pp. 1-37.
JORGE CARPIZO
didamente en favor del Ejecutivo; b) el Poder Legislativo no ha ejercido
muchas de sus facultades constitucionales; c) el presidente de la República ha realizado atribuciones metaconstitucionales que lo convierten
en la columna vertebral de todo el sistema político; d) los pesos y contrapesos constitucionales no han operado y, e) las libertades y derechos
de los mexicanos han quedado en ocasiones a la discreción del Poder
Ejecutivo.
¿Es posible que resolvamos esos y otros problemas con un cambio al
sistema parlamentario?
En los últimos diez años, dos de los más importantes países de América Latina ----Argentina y Brasil---- también se plantearon la mencionada posibilidad y por causas parecidas a las de México, las que se pueden
sintetizar en el anhelo de mayores y mejores controles al Ejecutivo federal para alcanzar un verdadero equilibrio de poderes que fortalezca a los
sistemas democráticos.
Esa discusión en Brasil fue muy importante. La Asamblea Constituyente de 1987, basada en el proyecto de reformas de la Comisión Arinos, se inclinaba por el sistema parlamentario. Empero, dicha asamblea
ratificó el sistema presidencial, pero no en forma definitiva, ya que las
fuerzas políticas que se inclinaban por el régimen parlamentario no podían ser ignoradas. El artículo segundo transitorio de la Constitución
brasileña de 1988 ordenó que el 7 de septiembre de 1993, el electorado
definiría a través de un plebiscito la forma y el sistema de gobierno de
ese país: monarquía o república, sistema parlamentario o presidencial. El
pueblo brasileño se decidió por las segundas posibilidades: república y
presidencial.
En Argentina, la reforma constitucional de 1994 también se inclinó
por el sistema presidencial pero atenuado o con sujeción parlamentaria ----en la expresión de Nogueira Alcalá---- 1 primordialmente con la
creación, en el artículo 100 constitucional, de un jefe de gabinete de
ministros, con responsabilidad política ante el Congreso federal y cuyas
principales facultades se relacionan con la administración general del
país y los expedientes de los proyectos de ley.
1 ‘‘Los presidencialismos puros y atenuados. Los casos de Chile y la Argentina’’, Boletín Informativo, Buenos Aires, año XIV, núm. 144, 1998, p. 5.
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MÉXICO: ¿SISTEMA PRESIDENCIAL O PARLAMENTARIO?
En consecuencia, éste no es un tema fácil y lo vamos a comprobar en
este trabajo; las discusiones que se realizaron en Argentina y Brasil nos
lo confirman.
B. El mencionado profesor argentino nos recuerda ideas que son ciertas y muy extendidas: que el tipo de gobierno de un país no lo definen
únicamente los preceptos constitucionales, sino que es necesario considerar también la ‘‘Constitución extrajurídica’’, la que se basa en prácticas, tradiciones culturales, actitudes y expectativas de los actores políticos, el sistema electoral y el régimen de los partidos políticos.2
El eminente constitucionalista Jorge Reinaldo Vanossi nos alerta con
su habitual agudeza que:
En los sistemas constitucionales hay una regla de oro subyacente, no necesariamente escrita pero que se infiere de la propia estructura de equilibrio que suponen los sistemas de democracia constitucional, según la cual
a todo acrecentamiento del poder debe corresponder un vigorizamiento
de los controles, un mejoramiento de las garantías y un acentuamiento
de las responsabilidades. Dicho con otras palabras: a más poder más control, mejores garantías y superiores responsabilidades. Esta regla, que
exige un correlato entre los problemas de dimensionamiento del poder y
los problemas de cualificación de las garantías que hacen al equilibrio de
ese poder, está señalando la necesidad de una equivalencia que si se
rompe altera la funcionalidad del sistema y ésta entra en una pendiente.
Es eso que los sociólogos llaman propiamente casos de anomia, en los
cuales va gradualmente desapareciendo el marco de referencia, la sociedad se desencanta, se desmotiva, se desentiende. Hasta la suerte misma que pueda correr el sistema deja de interesarle y se termina en lo
que los niños con su inocencia, pero con su gran y certera claridad dicen
en dos palabras: todo vale. Es decir, no hay ya marco de referencia o parámetro entre el bien y el mal, entre lo lícito y lo ilícito, entre lo permitido y lo prohibido. Estos son los procesos de deslegitimación que tienen
por lo general un punto de arranque en el debilitamiento de los sistemas
de garantías. 3
Exactamente aquí se encuentra el gran problema del sistema presidencial mexicano: la falta casi absoluta en la realidad de controles y el
Ibidem, p. 3.
Vanossi, Jorge Reinaldo, ‘‘El ‘habeas data’: no puede ni debe contraponerse a la libertad de los medios de prensa’’, El Derecho, Buenos Aires, año XXXII, núm. 8580, Universidad Católica Argentina, 1994, p. 1.
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JORGE CARPIZO
desequilibrio colosal que se da entre los poderes en nuestro país, situaciones a las cuales me he venido refiriendo desde 1978, cuando se editó
mi libro sobre este tema. 4
II. Sistemas de gobierno y partidos políticos
A. Ahora bien, el sistema de gobierno, 5 ya sea presidencial, parlamentario o semi presidencial, opera con la misma Constitución en forma muy diferente de acuerdo con el número real de partidos políticos
que existen en ese país, y en ese número influye determinantemente el
sistema electoral.
Es decir, el funcionamiento de los poderes, específicamente del Ejecutivo y del Legislativo, asentado en la Constitución, operará en forma
diversa según sea el sistema de partido o partidos políticos en esa sociedad. O sea, el sistema de gobierno es una estructura en la cual se desarrolla un proceso político que está en una muy buena parte marcado
por el número de los partidos políticos y el sistema electoral.
Así, diferente funcionará ese sistema de gobierno si hay bi o multipartidismo, un solo partido o un partido predominante. 6
En México, por décadas, hemos conocido el sistema de un partido
predominante o hegemónico, en el cual la abrumadora mayoría de los
legisladores federales y locales pertenecían a ese partido del cual el presidente de la República es el jefe real. Este solo dato es más que suficiente para explicar entre nosotros la carencia de controles por parte
del Poder Legislativo respecto al Ejecutivo y el notorio desequilibrio entre ellos.
Aún no está claro cómo quedará definido el nuevo sistema de partidos en México, pero actualmente, al existir tres grandes partidos políticos y otros pequeños, y al no contar el Partido Revolucionario InstituCarpizo, Jorge, El presidencialismo mexicano, México, Siglo XXI, 1978.
Respecto a las características de los sistemas presidencial y parlamentario, véase
Loewenstein, Karl, Teoría de la Constitución, Barcelona, Ariel, 1965, pp. 105-107; Carpizo, Jorge, ‘‘Derecho constitucional’’, Las Humanidades en el Siglo XX. El derecho, México,
UNAM, 1976, pp. 120 y 121; Carpizo, Jorge, El presidencialismo..., cit., nota anterior, p.
14. Duverger, Maurice, Instituciones políticas y derecho constitucional, Barcelona, Ariel,
1962, p. 319.