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JosEP MARTÍNEZ BISBAL
ALGO MAS QUE UN DICCIONARIO
ABBAGNANO, Nicola: Dizzionario di Filosofía. Terza edizione aggionarta e ampiiata da Giovanni Fornero. Torino, Utet, 1998, págs. X+1.174.
JosEP MARTÍNEZ BISBAL
Universitat de Valencia
En el prefacio a la primera edición de
su Dizionario de filosofía, Nicola Abbagnano declaraba que su objetivo era «poner a disposición de cualquiera un repertorio de las posibilida¿üs de fílosofar
ofrecidas por los conceptos del lenguaje
filosófico, tal como se ha ido constituyendo desde los tiempos de la Grecia antigua hasta los nuestros». De este objetivo
derivaba la regla que regía la composición
de las voces del diccionario: «individualizar las constantes de significadoD documentándolas con citaciones textuales y distínguiendo con rigor los diversos significados
y sus variaciones históricas. Y con todo
ello respondía a la exigencia de claridad
que consideraba condición esencial para
que la ñlosofia ejerciera «alguna función
de iluminación y de guía» de los hombres.
La reivindicación de la función iluminadora y orientadora de la filosofía no era
en Abbagnano ajena a su compromiso
filosófico y a su destacado protagonismo
en el debate cultural de la Italia de la posguerra. Cuando publica su diccionario, el
año 1960, Abbagiuno ya había desarrollado una obra original y perfilado su existencialismo que, con el calificativo de «positivo», tomaba distancia de cualquier
derivación inacionalista o nihilista. Como
es sabido, su diálogo filosófico desde el
existencialismo con la nueva filosofía de
la ciencia y con el pragmatismo americano contribuyó de forma importante en la
apertura de lafílosoflíaitaliana a las nuevas corrientes filosóficas y a contrapesar,
así, el fuerte influjo que la filosofía idealista alemana había ejercido en el pensamiento filosófico italiano de la primera
mitad del siglo. Aunque vivió y ejerció en
Turín, procedía del sur (Salerno, 1901)
y se formó en la universidad napolitana,
es decir, que creció en el ambiente filosófico cultural donde mayor era el peso
de la tradición idealista y donde la poderosa personalidad de Croce era hegemónica. Sin embargo, discípulo de Antonio
Alliotta, desde el principio de su actividad filosófica, en la inmediata posguerra,
fue protagonista decidido en la batalla
cultural contra la filosofía croceana y contra su dominio de la cultura italiana. Eran
tiempos de fuerte confrontación ideológica como consecuencia del necesario reposicionamiento de las fuerzas políticoculturales italianas tras la derrota del fescismo y el ascenso del comunismo (con
un legado de Gramsci también empeñado, como praxis de su pensamiento, en la
demolición del croceanismo). La batalla.
RESEÑAS
en cierto sentido y sin duda desde la posición que adoptó Abbi^ano, fiíe una batalla ilustrada, esto es, una batalla en defensa de la ilustración: frente a la aversión
del historicismo absoluto por la razón
ilustrada, se reivindicaba su nombre y se
reclamaba su cumplimiento. La ñlosoíüa
—la razón— había de ser luz y guía de
los hombres.
Abbaguano, en este contexto, es un
buen exponente del fuerte trenzado de
pensamiento, cultura y política que caracteriza la tradición filosófica italiana.
En el breve prefacio ya citado describe
su tiempo como «un periodo en el que
los conceptos son con frecuencia confundidos y mistificados hasta el punto
de devenir inservibles», por lo que considera que «la exigencia de precisar con
rigor los conceptos y su articulación
interna adquiere una importancia vital».
Por eso su Dizzionario es más que un diccionario al uso, porque responde a esta
exigencia —que siente vital— «restituyendo a los conceptos su fuerza directriz
y liberadora». Norberto Bobbio lo vio
con claridad cuando deñnió el Dizzionario como la obra que mejor respondía
tempestivamente a la necesidad filosófica de aquellos tiempos, que no era otra
que la necesidad de aprender a razonar.
En una entrevista del año 1965, Bobbio
lo consideraba como el más importante
libro de filosofía publicado en Italia en
los últimos años y, ante la sorpresa del
entrevistador —cómo, ¿un diccionario?—, se justificaba con sorna explicando que ante la confiísión de las lenguas
es menester comenzar por el diccionario
y que, para reaprender a hablarse, era
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mejor un buen diccionario que un mal
poema.
N. Bobbio hablaba con conocimiento
de causa porque con él y con E. Garin, C.
A. Viano, Pietro Rossi y Pietro Chiodi,
con este restringido grupo de amigos,
Abbagnano discutió minuciosamente todos los artículos principales. Con Bobbio,
además, dirigía la Revista di Filosofia, La
elaboración del Dizzionario fiíe lenta y
trabajosa y le ocupó 20 años; según el
propio Abbagnano fue la fótica mas importante de su vida. La idea se le ocurrió
mientras trabajaba en su Storia deUa filosofía, obra ésta en la que ya se había manifestado su interés divulgador y el rigor
de su releaura de la tradición filosófica.
Dado que el historicismo absoluto había
integrado el pasado filosófico como camino que, a través de Vito, Kant y Hegel
culminaba en él mismo, la nueva historia
escrita por Abbagnano era una alternativa metodológica y historiográfica y, a la
vez, un instrumento útil para dibundirla.
(La confrontación historiográfica devino polémica pública —con tintes a veces ^ r i o s — en el caso de la relectura de
Vito, el gran filósofo italiano que Croce
había exaltado enfáticamente poniendo
de relieve todos aquellos aspectos que lo
hacían precursor de él mismo). Nacido
de su historia de la filosofía, el diccionario responde al mismo impulso metodológico y al mismo compromiso práctico.
Su preocupación didáctica, cosa poco frecuente en pensadores con obra propia, le
llevó a escribir también un manual escolar
de filosofia para la enseñanza secundaria.
Todo ello, como se ve, coherente con su
voluntad de intervenir desde la filosofía
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en la concreta batalla cultural italiana y