Téléchargeur: Jack
Pays: Turkey
Temps de chargement: Oct 02, 2018
Prix: Gratuit
Évaluation: Basé sur 1 utilisateurs

S'il vous plaît, vérifiez que vous n'êtes pas un robot pour charger le reste des pages

tÉlÉcharger diccionario etimologico corominas pdf

Métodos de Información · Vol 7 - Nº 35-36 · Enero-Marzo 2000
O
brAs
de
N
CO
SUL
A
T
El Diccionario Etimológico
castellano e hispánico de Corominas / Pascual
veinte años después
Lluís Agustí
Bibliothèque Espagnole
Instituto Cervantes en Paris
a
Introducción
A veinte años de su publicación el diccionario que presentamos no es ninguna novedad. Conocido vulgarmente como el Corominas, es en la actualidad el diccionario etimológico de la lengua española por
antonomasia. Y lo es no sólo por ser único en su género, sino por haber sido refrendado por los especialistas como el de mayor amplitud, rigor científico, laborioso empeño y riqueza de documentación,
entre las obras generales de referencia publicadas sobre etimología hispánica. Sobre este diccionario
mucho se ha escrito desde un punto de vista filológico, véase a modo de pequeño ejemplo la bibliografía que acompaña esta reseña; en esta ocasión, sin embargo, pretendemos dar algunas indicaciones
sobre su uso cotidiano para no especialistas y así ofrecer una aproximación útil desde un punto de vista
bibliotecario.
Joan Fuster dijo del primer diccionario de Coromines: “Deben ser escasos, si hay alguno, los idiomas
románicos que cuenten con un repertorio como éste: tan ambicioso en sus planteamientos, tan exhaustivo en su realización, tan meticulosamente personal en cada problema asumido, y cada palabra es un
problema, y a veces muchos. [...] Hay que verlo para creerlo, y parece increíble, en resumidas cuentas.
Recomiendo la consulta directa del glorioso mamotreto.” También Josep Pla coincidía a grandes líneas con Fuster: “És una obra fabulosa. Primer, és documentada. Després, és original. Després, l’autor,
quan no sap una cosa, diu que no la sap. Això, no ho havíem vist mai. El fet em sembla extraordinari.”
Es cierto que este tipo de diccionario no abunda, pero cabe puntualizar que en general las demás lenguas románicas también disponen de buenos etimológicos, por ejemplo los numerosos franceses, los
italianos, el modélico sardo, el propio catalán... Por otra parte ante el hecho de que a Pla le parezca
extraordinario que Coromines explique aquello que sabe y lo que no, cabría argumentar que el autor
utilizaba un método discursivo en el que a veces proponía varias soluciones sin decidirse por una en
particular, pero cabe resaltar que es común que las etimologías inciertas o desconocidas aparezcan en
estos términos en todos los repertorios etimológicos y que el estilo peculiar de redacción, tan original
y vivo, no gustaba a algunos de sus colegas de investigación.
30
Métodos de Información · Firmas · Enero-Marzo 2000
Hemos escogido estas positivas valoraciones fuera del ámbito académico para señalar que todas las
reseñas que han aparecido sobre el diccionario –y ésta no será excepción- empiezan de modo parecido: un elogio incondicional al autor, a sus desbordantes conocimientos y a su capacidad de trabajo (1)
(algo así como una captatio benevolentia al lingüista) para acto seguido apuntar algún pero.
Partiendo de la base de que se trataría de un buen diccionario etimológico rico y riguroso, cuya superación, a pesar de sus casi veinte años (2) de vida, parecería aún lejana; será necesario sin embargo detenernos y analizarlo detenidamente para poder conocer sus virtudes y sus límites y saber mejor qué
podemos hallar en él y aquello que no debemos esperar encontrar.
En definitiva se trataría de evitar que nos suceda lo que a un estudioso que al no encontrar ni el topónimo España ni el adjetivo español en el diccionario se quejaba en un prestigioso foro de hispanismo
en internet sobre la malquerencia del filólogo contra el estado y su lengua oficial (3) : con sólo leer el
prólogo de la obra habría sabido que no debemos buscar en el diccionario ni nombres propios ni adjetivos étnicos, salvo en los contados casos en que tienen valor apelativo.
La etimología
La etimología es deseo antiguo en la cultura humana, pues el hombre ha pretendido desde siempre
conocer el origen primigenio de la palabra, interpretar su significado último, queriendo con ello buscar en el propio lenguaje un símbolo, una verdad oculta que ilumina el conocimiento del mundo y de
las cosas. Pero más allá de esta legítima búsqueda filosófica la etimología es ciencia relativamente
reciente.
Las lenguas no son puras, gracias a Dios, y su vocabulario tiene distintos orígenes; a ello se dedica la
ciencia etimológica que tiene por objetivo explicar el origen de las palabras de una lengua o familia de
lenguas a través de sus evoluciones fonéticas, morfológicas y semánticas. El origen de cada voz no está
registrado en ninguna parte: no hay casi nunca una partida de nacimiento que atestigüe su creación o
invención, por lo que los lingüistas deben reconstruir su vida desde el momento mismo de su creación
con el control de unas herramientas científicas que permitan acceder con rigor a la posible historia de
los términos de una lengua a partir del propio origen en otra lengua, por ejemplo el latín, y acompañando la evolución en todas sus vicisitudes, atestiguándola a ser posible con ‘documentos’ en las principales etapas de su historia.
Las herramientas
Las herramientas que permiten a la etimología reconstruir el camino de cada palabra son básicamente cuatro: las leyes fonéticas de evolución, las leyes de derivación o morfológicas, la coherencia semántica –la herramienta de uso más difícil–, y finalmente la cronología. Veamos muy sucintamente cada
una de ellas.
Las leyes fonéticas de evolución nos demuestran una cierta regularidad en la evolución del material
fónico desde la raíz o vocablo de donde procede el étimo hasta nuestra palabra actual. Esta regularidad se da en el tiempo y comparativamente entre las lenguas de un mismo grupo o familia. Por ejemplo sabemos que si en latín tenemos un grupo consonántico pl- inicial (l. c. pluvis, l. vg. ploia), en francés y catalán se conservará este grupo inicial (pluie, pluja), mientras que en castellano se convertirá
en algunos casos en ll- (lluvia), cambio que los lingüistas expresan así pl->ll-. Sabemos, gracias a la
comparación entre lenguas y al conocimiento y datación de los documentos, el momento en que estos
31
© faximil edicions digitals, 2002
Métodos de Información · Firmas · Enero-Marzo 2000
cambios se suceden y el momento en que dejan de actuar. La lista de estas leyes es extensa y se afina
cada vez más.
Las leyes fonéticas auxilian con eficacia desde hace siglo y medio a lingüistas y filólogos en su búsqueda. Cabe confesar aquí sin embargo que en la familia de las lenguas románicas estas leyes son más
seguras que en las de otras familias como por ejemplo las germánicas o eslavas, donde no se conoce
con tanto detalle la lengua de partida o patrimonial como en nuestro caso el latín, ni tampoco se conserva un número tan amplio de documentos que puedan ayudar a la confirmación de dichas leyes ni a
su cronología.
La alteración de una ley fonética en una palabra puede estar indicándonos un préstamo entre lenguas:
así, si una palabra como cantio, -onis o cardinal, -alis da ‘canción’ y ‘cardenal’, caminus, -i, caminata
no puede dar más que ‘camino’ y ‘caminada’ y no ‘chimenea’. De ahí que esta palabra haya de explicarse a partir del francés cheminée, lengua en la que ha evolucionado de distinto modo el latín c+a,
dando ‘ch’.
La regularidad se da también en las reglas de formación de las palabras, ya que las lenguas utilizan
sus recursos derivativos de forma diferente según la época y el lugar. Así, en la Edad Media se empleaba ‘-miento’, más de lo que se usa ahora, del mismo modo que en la actualidad ‘-ista’ tiene más rendimiento que ‘–ero’ para formar nombres de profesiones: de forma que, si antes se creaban palabras
como relojero o zapatero, ahora se construyen voces como analista o internista; también en el siglo XV
se podía formar en castellano un diminutivo como pequeñico, tal y como ahora sigue ocurriendo en aragonés, y sin embargo en la actualidad un castellano crearía pequeñito y no pequeñico. La morfología
genera también formas nuevas con la constricción de unas normas determinadas y determinantes en un
tiempo y en un espacio. Una posible anomalía, un cambio en la regla nos daría nuevas pistas sobre los
momentos críticos en la historia de una palabra o grupo de palabras.
Si hasta aquí tanto las leyes fonéticas como las de derivación proporcionan al lingüista una piedra de
toque para decidir con respecto a las etimologías, con la evolución del significado de las palabras las
cosas son más complicadas, pues resulta difícil en este ámbito establecer leyes a las que recurrir para
tomar decisiones etimológicas. De ahí que, de momento, ha de conformarse el filólogo con aplicar sus
conocimientos sobre la historia de la cultura, de la ciencia, de la técnica, de la literatura para ayudarse de esos conocimientos a fin de comprender el por qué de determinadas evoluciones.
La cronología es el cuarto pilar y, en cierto modo, la regla de tres de la etimología. Fue al parecer
Menéndez Pidal el primero que sugirió a Coromines que fechara todo aquello que encontrase en sus
estudios. La cronología es útil para aproximarse a la fecha de inicio de una evolución fonética, sirve
de encañizado donde se sujetará la explicación de la historia de una palabra, o finalmente confirma o
desmiente una hipótesis cuando por ejemplo se ha intentado reconstruir un étimo o se busca dar un
paso intermedio al que se accede por vía de la reconstrucción y que, a menudo, termina apareciendo
en un documento para alegría del investigador. Por este motivo, mientras una reconstrucción no está
confirmada documentalmente, existe la convención de poner un asterisco, por ejemplo ‘arenga’ provendría de un étimo *harihrings conjetural.
El diccionario, historia de la obra
El Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico [DECH] tiene como objetivo primero el léxico
de la lengua castellana; el término hispánico en su título es sin embargo significativo ya que en el