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tÉlÉcharger cursillo de mitologia argos pdf

Un libro para disfrutar y compartir, la mitología Griega
contada de una forma muy particular, con un lenguaje
propio de la Antioquia del siglo XIX, un tema complicado
abordado de una forma simple, perfecto para llamar la
atención de cualquier persona, incluso aquellos que no
disfrutan de la lectura.
Roberto Cadavid Misas «Argos»
Cursillo de mitología
ePUB v1.0
boterwisk 24.06.12
Título original: Cursillo de mitología
Roberto Cadavid Misas «Argos», 06/07/1983.
Ilustraciones: Luis Fernando Castro T.
Diseño/retoque portada: boterwisk
Editor original: boterwisk (v1.0)
ePub Base v2.0
Presentación
Durante muchos años, «La Gazapera» se publicó en el periódico El
Espectador. Cada día, con precisión y claridad, y no sin una buena dosis
de humor, Roberto Cadavid, conocido por todos sus lectores como Argos, cumplió la función necesarísima de procurar que en el periodismo
colombiano no se perdiera el correcto uso del idioma, ni se incurriera en
equivocaciones al citar personajes, lugares o acontecimientos. Periodistas, escritores y lectores comunes corregían allí frases contrahechas y
construcciones impropias. También en El Espectador, domingo a domingo publicó Argos su Cursillo de Mitología, toda una humanización de
los dioses y héroes griegos mediante descripciones de ellos, y sus hazañas hechas con un sabroso lenguaje y risueña malicia.
En su forma primera de columna semanal, el cursillo de Mitología
incluía referencias a hechos de la actualidad nacional de ese entonces.
Por considerar que perdieron su vigencia, y que su inclusión hoy lejos
de aclarar haría confusos algunos apartes para los lectores, se obviaron
sin alterar en nada el contenido de la obra.
Que sea Jorge Franco Vélez, gran amigo de Argos, quien rinde homenaje al autor, y dé la bienvenida al lector a este cursillo, del que seguramente saldrá con más conocimientos en su cabeza, y más sonrisa en su
corazón.
Para Argos
(El día que parió su libro)
En tu Cursillo de Mitología
eres un genio de la travesura,
lo trágico lo pintas con ternura
y lo tierno con ágil ironía,
dioses griegos en trance de arriería,
Penélopes rajadas en costura,
Midas guayaquileros de la usura,
Cupidos que no tienen puntería;
Edipitos que arreglan con la mama
su complejo filial en una cama,
y Argonautas tras áureo vellocino,
son otros tantos seres fabulosos
que poblaron tus sueños asombrosos
de paisa griego allá en tu risco andino.
Jorge Franco Vélez.
1: Júpiter
Para que no se vayan a imaginar que lo que les voy a contar son invenciones mías, les informo que la sustancia de estos relatos la tomé del
delicioso librito Mythology, de Edith Hamilton, del cual no conozco versión española. Fue la señora Hamilton una de las más reconocidas autoridades mundiales en Mitología, estudio al que dedicó toda su larga vida.
Con decirles que a los 90 años de edad fue declarada ciudadana honoraria de Atenas.
Empecemos, pues, este cursillo por los dioses mayores, que eran
doce. Pero que no se me vayan a dejar venir todos en cargamontón, sino
de a uno.
El primero que sale es Zeus, el comandante de todos ellos:
Con este nombre figuraba en la cédula de ciudadanía griega; en la
romana, como Júpiter. El era el que mandaba en el cielo; el que juntaba
y arremolinaba las nubes y cuando se enverracaba decía a disparar rayos
y centellas (que, entre otras cosas, no sé qué son), y desataba unos lapos
de agua que eso parecía la hora llegada. Y seguía lloviendo, agua, Dios,
misericordia, hasta que se le quitaba la bejuquera. ¿Y saben con qué?
Con una sardina bien querida o como alguna señora ajena, no importaba
de quién fuera.
Porque nuestro padre Zeus, para que lo sepáis, mis queridos camaradas machistas, fue el primer promotor, o como quien dice el pionero y
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decidido impulsor de la liberación masculina. Era la ñera sarda para
jugársela a la casinadita de Hera, que era…
—¿Hera que era? Cacofonía…
—No le hace. No me interrumpa. Hera, que era su mujer. La misma
a la que los romanos le decían Juno. Esa sí era la maldita vieja más intransigente y celosa que ustedes se puedan imaginar. Cómo les parece
que un vez… Pero ya sonó la campana y tengo que soltarlos a recreo.
En la próxima clase les cuento algunas de las perradas de nuestro
padre Zeus, si mi Dios me da vida y salud. Y si no les da pereza a
ustedes.
Hasta después, pues.
2: Júpiter
En la última clase empecé a hablarles de Zeus o Júpiter como un dios ya hecho y derecho, que vivía echándole el cuento a toda la que se
dejara. Pero, en vista de que han resultado más interesados en este
cursillo de lo que yo imaginaba, lo voy a dictar en debida forma, empezando por el principio.
Y el principio de Zeus (y de cualquiera) son los padres. El taita de él
era Cronos, que viene a ser el Saturno de los romanos. Era el dios del
Tiempo. Con Rea Cibeles, su hermanita, tuvo a Zeus. Porque en ese
tiempo como que no le ponían muchas bolas a impedimentos de parentescos y cismatiquerías de esas y le echaban mano a la que estuviera
más cerquita.
Pero, cómo les parece que a Cronos le dijeron que uno de sus hijos
lo iba a destronar, y entonces, cuando dijo él a llenarle la barriga de
huesos a Rea y ella a tener muchachos, hágase de cuenta una paisa sin
planificación familiar, el malvado padre desnaturalizado se los iba
tragando uno por uno. Y llegó a zamparse hasta cinco; pero cuando Rea
tuvo el atraso para el sexto fue a consultar el oráculo, y éste le dijo:
—Hija mía: ese niño que te va a nacer va a ser el dios más importante de todos, pa que te pongás orgullosa. El va a destronar a ese infame
marido tuyo, que te ha hecho perder todas esas preñeces… ¡Será por
buenas que son…! ¡Pero ésta sino la vas a perder. Cuando nazca, escóndelo bien escondido del viejo! ¡Cuidadito, pues!
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Rea le obedeció al oráculo al pie de la letra, de modo que cuando
empezó a sentir las afugias y los retorcijones cogió una piedra larguita y
la envolvió en unos trapos y quedó hágase de cuenta un culicagadito recién nacido envuelto en pañales. Y con una sirvienta se lo mandó como
desayuno a su adorado esposo, y ella salió a coger, no la cama, como cualquier otra, sino el monte, como las gallinas.
Pues allá le nació Zeítus (así era como que le decían cuando estaba